
Pues esto es lo que me ocurrió este verano. Resulta que quería hacer unos bonsais de dos árboles que había plantados por aquí cerca. Uno, aunque es algo tosco, a mí me resulta muy bonito y curioso, y algo muy importante, es que es autóctono de España.
Es el caso del algarrobo.
El otro individuo es un , tan alto y estirado y con esa altanería por el monte, que está diciendo ¡aquí estoy yo! ¿qué pasa? ¿algún problema?...¡a que te meto!
Bueno, como os decía, quería dos arbolitos y la mejor manera que hay sin dañar a la madre natura es el sistema por acodo, ya que te permite, 1º elegir una rama que te guste y que tenga ya su grosor. 2º si enraiza bien, un sistema radicular fino y numeroso.
El caso es que después de seguir los consejos de un librito que tengo y que ponía que de 3 a 4 semanas ya tendrías las raíces formadas, pues voy yo a la tercera semana y sin comprobar si ha creado raíces, pues voy y corto las ramas donde estaban los acodos y me las llevo pa casa.
Claro, mi careto os lo podéis imaginar -compuesta y sin novio-, vamos, ni una sola raíz. Aun así, las planté en espera de que le salieran por inspiración divina, pero me da que va a ser que no.